El calor agobiante de Santo Domingo parecía derretir el asfalto, pero fue la imagen en la pantalla de mi teléfono lo que realmente me hizo hervir la sangre.

Parte para Facebook: Estaba sentado en una fonda ruidosa, con el cansancio de doce horas de trabajo a mis espaldas. Mis ojos, al descubierto y sin gafas que ocultaran mi indignación, se clavaron en la publicación que acababa de aparecer en mi muro. Ahí estaba ella. Impecable, intocable, con su Leer más