El Agua Derramada: La Caída del Tíguere Arrogante

Publicado por CONEJO TRABAJADOR el

Saludos a los que vienen de Facebook. Aquí está la resolución de este atropello imperdonable.

El Atropello

La calle ardía a mediodía. El anciano de 86 años, de rostro rasurado al ras, sin lentes y con un viejo sombrero de paja y camisa verde desteñida, trataba de levantar su carretilla astillada. El agua de coco empapaba el pavimento. El conductor de la yipeta, un tíguere de 26 años con polo rojo, sin gafas y afeitado al ras, asomó la cabeza furioso. Quedándose totalmente estático e inmóvil, insultó. «Lárgate, campesino bruto. Me ensuciaste el bumper con tu agua de coco.» El viejo vendedor no emitió palabra alguna, tragando amargo.

Lágrimas en el Asfalto

El tíguere pisó el acelerador. Quedándose totalmente estático e inmóvil por un segundo antes de huir, se rió con maldad. «¡Súbete a una mata y busca más, viejo inútil!» El anciano quedó solo en un silencio sepulcral. Se quitó el sombrero y las lágrimas de impotencia corrieron por sus arrugas. Quedándose totalmente estático e inmóvil frente a los cocos rotos, lamentó. «Ay Dios mío… esos cocos eran la comida de mis nietos para toda la semana.» Nadie en la calle parecía escucharlo.

La Mano de la Ley

Mientras el anciano lloraba, un hombre robusto de 35 años, afeitado al ras, vestido de uniforme gris policial y con la mirada descubierta de gafas, se le acercó y le puso la mano en el hombro de forma protectora. Lo había visto todo. Quedándose totalmente estático e inmóvil, el vendedor de cocos supo que no estaba solo. «Se fugó riéndose de mi desgracia.»

Giro y Consecuencias: El oficial, que estaba fuera de servicio pero armado, subió a su motocicleta patrulla y persiguió la yipeta. A pocas cuadras, la interceptó a punta de pistola y arrestó al tíguere por agresión y fuga. En la comandancia, el joven tuvo que vaciar sus bolsillos y pagarle cada centavo al anciano, recibiendo una paliza de realidad en la celda de detención. La burla del abusador es temporal, pero el peso de la ley y el karma son eternos. No te rías de las lágrimas del trabajador.


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